El flujo digital
Lo que Mörmann empezó en 1985 con CEREC se completó en dos décadas. El escáner intraoral sustituye la impresión de silicona; el software CAD diseña la restauración; la fresadora o la impresora 3D la fabrican. En muchos casos el laboratorio desaparece del circuito o cambia de función.
La impresión 3D llevó lo mismo a la cirugía: guías quirúrgicas impresas a partir de un CBCT permiten colocar implantes en la posición planeada en computadora, con la angulación y profundidad previstas. La ortodoncia con alineadores —Invisalign, lanzado en 1999 por dos estudiantes de MBA sin formación dental— es hoy un segmento global.
Vale la pena notar el patrón: buena parte de las disrupciones de la profesión vinieron de fuera de ella. Buonocore tomó la idea de los pintores de barcos, Brånemark era ortopedista, Chishti y Wirth eran de negocios.
CBCT: ver en tres dimensiones y el dilema de la dosis
La tomografía computarizada de haz cónico llegó al consultorio hacia 1998—2001 (NewTom en Italia, Ortho-CT en Japón). Da un volumen tridimensional con una fracción de la dosis de una tomografía médica, y cambió por completo la planeación de implantes, la cirugía de terceros molares, la endodoncia compleja y el diagnóstico de patología.
Pero entrega bastante más dosis que una radiografía periapical, así que introdujo un criterio ético que vas a aplicar toda tu carrera: sólo se justifica cuando el resultado puede cambiar la decisión clínica. La tecnología disponible no es lo mismo que la tecnología indicada.
Inteligencia artificial y regeneración
Desde alrededor de 2016, modelos de visión por computadora entrenados con decenas de miles de radiografías detectan caries, lesiones periapicales y pérdida ósea con desempeño comparable al de especialistas en tareas acotadas. Ya hay sistemas con aprobación regulatoria como apoyo diagnóstico. Lo que no cambia es de quién es la responsabilidad: la decisión y la firma siguen siendo del clínico.
En el otro frente, en el año 2000 el equipo de Gronthos aisló células madre mesenquimales de la pulpa dental (DPSC) y, en 2003, de dientes deciduos exfoliados (SHED). De ahí salen la endodoncia regenerativa y la revascularización pulpar en dientes inmaduros. La dirección es clara: pasar de reemplazar tejido a regenerarlo.
Y en 2020, la pandemia de COVID-19 reescribió la bioseguridad dental en meses: protocolos de aerosol, EPP de nivel superior, ventilación y teleodontología para triaje. Muchos de esos protocolos se quedaron. La bioseguridad —que ya venía de las precauciones universales del VIH en los ochenta— es un capítulo abierto.