1728: el año que separa el antes del después
Pierre Fauchard fue cirujano naval antes que dentista, y eso importa: aprendió disciplina de registro y de método. En 1728 publica en París 'Le Chirurgien Dentiste, ou Traité des Dents' en dos volúmenes.
Lo que hizo, punto por punto: describió 103 enfermedades bucales y dentales de forma ordenada; negó por escrito la teoría del gusano dental, rompiendo con 7,000 años de creencia; diseñó el 'bandeau', una lámina metálica en herradura para alinear dientes, antecedente del arco de ortodoncia; detalló obturaciones, coronas, postes y prótesis completas sostenidas por resortes; y estableció que el operador debía trabajar con el paciente sentado en una silla adecuada, con buena luz, y no en el suelo o de pie en una plaza.
Pero lo verdaderamente revolucionario fue una decisión: publicarlo. En su época, las técnicas eran secretos comerciales que se guardaban celosamente o se vendían caro. Fauchard puso todo lo que sabía por escrito, al alcance de cualquiera que supiera leer. Ese acto —convertir el conocimiento en bien común y verificable— es lo que transforma un oficio en una profesión.
Ojo con estoSi de todo el curso sólo memorizas un nombre, una fecha y un título, que sean: Pierre Fauchard, 1728, 'Le Chirurgien Dentiste'.
Hunter pone los nombres
En 1771, John Hunter publica en Londres 'The Natural History of the Human Teeth'. Estudia estructura, crecimiento y erupción con rigor de anatomista comparado, y acuña la nomenclatura que sigue vigente: incisivos, cúspides (caninos), bicúspides (premolares) y molares.
También experimentó con trasplantes dentales entre personas, moda de la época en la que los ricos compraban dientes a los pobres. Documentó honestamente sus éxitos iniciales, sus fracasos y la transmisión de enfermedades: el primer registro de infección transmitida por un procedimiento dental.
El salto de materiales
Hasta el siglo XVIII, las prótesis se hacían de marfil de hipopótamo o de morsa, hueso, o dientes humanos comprados o saqueados. Todos se manchaban, se pudrían y olían.
En 1774 el boticario Alexis Duchateau, harto de su propia dentadura de marfil, encargó una de porcelana a la fábrica de Guerhard. Nicolas Dubois de Chémant perfeccionó la técnica y patentó en 1789. En 1808, Giuseppangelo Fonzi creó los dientes de porcelana individuales con perno metálico, que permitían montar la prótesis pieza por pieza.
En paralelo, en Estados Unidos, Josiah Flagg adaptó hacia 1790 una silla Windsor con reposacabezas y brazo para instrumental —el primer sillón dental— y John Greenwood convirtió la rueca de pedal de su madre en el primer motor dental. La ergonomía del consultorio empieza con muebles de casa.